Estamos hablando de una disciplina ancestral que se remonta a hace 3.000-4.000 años. Los monjes budistas y los monjes taoístas la han practicado durante siglos como método de sanación y paz mental, y lo siguen haciendo. A esta disciplina podemos acudir en épocas de mayor estrés.
Puede practicarla gente de todas las edades. No está vinculada a ninguna religión, como otras disciplinas, sino que se basa en la filosofía taoísta. Los antiguos taoístas opinaban que todo en el mundo es energía. Son energía pura los animales; el ser humano, según esta filosofía, es energía; también las plantas y todo lo que integra la naturaleza lo es. Según esta filosofía, el ser humano está conectado con la naturaleza, con los animales, con los elementos del universo… y también con los demás seres humanos.
Qi significa energía y Gong significa trabajo; por lo tanto, la traducción de Qi Gong (Chikung) es “trabajo con la energía”.
Puesto que el Tai Chi/Chikung está influenciado por la filosofía taoísta, sus ejercicios se inspiran en los movimientos de los animales; otros se integran con los elementos del universo y algunos se inspiran en la naturaleza (en el movimiento suave de las ramas de los árboles, en las raíces que se anclan a la tierra, etc.).
Los movimientos de Tai Chi/Chikung son lentos, suaves y armoniosos. Se trata de trabajar el músculo sin tensión, con suavidad. A esta técnica ancestral también se la conoce como “meditación en movimiento”.
Durante la práctica, la columna debe estar erguida, como si fuese un collar de perlas que alguien sostiene desde el cielo, y como si cada una de las perlas que lo integran fuese una vértebra de nuestra columna vertebral.
A la hora de hacer Tai Chi Chikung (Qi Gong), debemos tener en cuenta varios aspectos:
Esta disciplina está considerada parte de la Medicina Tradicional China, y en Europa la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya la reconoce como “medicina tradicional, alternativa y complementaria”, al igual que la acupuntura, la digitopuntura y la fitoterapia (tratamiento con hierbas medicinales).
Los ejercicios de esta disciplina son rehabilitadores y muy beneficiosos para la salud, tanto física como mental.
Está totalmente comprobado, mediante estudios universitarios, que la práctica de esta disciplina ancestral retrasa el Alzheimer y otras demencias. También se ha demostrado, en investigaciones realizadas en universidades de Florida y de Shanghái, que es muy beneficiosa para prevenir y mejorar enfermedades tales como asma, hipertensión, fibromialgia, osteoporosis, artritis, artrosis, lumbalgias, dorsalgias, cervicalgias, escoliosis y dolores crónicos de espalda, entre otros.